Así como el mes pasado estuve en el más fúnebre de los funerales, ahora me encuentro en la boca de la bestia. Pero yo controlo.
Yo decido cuanto sufrir con cada bocado, cuanta sangre voy a derramar, si falleceré o no. Tengo esa elección, es mi decisión.
Por primera vez en la vida siento que yo controlo, lo controlo todo, absolutamente todo. Es lo mejor pero a la vez lo peor, sabiendo que te lo puedes dar todo o que tu mismo te acabes destruyendo.
Nunca me he sentido de esta manera.
Intentaré que me salgan las entrañas con cada mordisco de manera que pueda ser lo más placentero posible.
Estando en la boca del lobo tú decides cuánto sufres en cada bocado.
No te destruyas tu mismo.
Saborea tus propias entrañas mientras puedan ir saliendo.